El Síndrome del Quemado, Burnout o Desgaste Laboral, es especialmente insidioso.

Puede ser difícil de detectar en sus fases iniciales, con unos síntomas que tomados uno a uno se disfrazan de normalidad. Sobre todo, si ha habido un cambio laboral o un periodo prolongado de sobre exigencia.

En el mejor de los casos, un profesional le pondrá nombre cuando un paciente acude a consulta por “otro motivo”.

Hace algunos años un paciente expatriado acudió a consulta por recomendación de la responsable de bienestar de su organización. En la primera consulta dijo “necesito ayuda para dormir” y “estoy sufriendo de ansiedad”. Hablamos un poco, sobre su experiencia al cambiar de país por trabajo y también sobre su situación laboral actual. Hacía varios meses que su superior directo causó baja por un cambio de trabajo. Siendo él un trabajador técnico y de tendencia introvertida, había tenido que asumir por primera vez la labor de gestión de personas y hacerse cargo de la dirección de proyectos, sin por ello abandonar sus muchas responsabilidades habituales. Las promesas de contratar personal de refuerzo no se materializaban y la situación se alargaba.

La situación podía explicar las noches de preocupación, pero los síntomas que detectamos en las primeras visitas iban más allá. Agotamiento físico y mental. Dificultades de sueño, incluidos intensos sueños relacionados con el trabajo y las relaciones laborales. Disminución drástica de la motivación en el trabajo, que ya se generalizaba a su vida personal en forma de apatía y procastinación. Cambios bruscos de humor. Dificultad para conectar con las personas, no sólo en el trabajo sino también en casa, incluso con sus hijos.

En este caso las exigencias de la situación superaron las capacidades, que es cuando aparece una crisis de estrés, y extendido en el tiempo uno se “quema”. En su situación de expatriado, faltaban protectores naturales como son el apoyo familiar y social, y la adaptación a una cultura ajena no facilitaba las cosas.

Aun con todo fue un caso que se detectó a tiempo. En una fase inicial y gracias también a la importante labor de una psicóloga responsable de bienestar del empleado. En casos cronificados, normalmente asociados a personalidades rígidas y exigentes, con resistencia a pedir ayuda, este síndrome suele desembocar en una depresión incapacitante.

Así le pasó a otro paciente en situación similar, expatriado, alejado de su familia, quién además tuvo varios problemas de salud, una pérdida de un ser querido, y un puesto de mucha responsabilidad, pero cuya personalidad exigente le impedía pedir ayuda. Cuando por fin acudió a consulta no lo hizo por insomnio o estrés, sino por una profunda depresión con ideación suicida.

¿Es Burnout lo que me pasa?

Para detectar los síntomas del Burnout, uno puede hacerse algunas preguntas:

  • ¿Te cuesta afrontar el trabajo o estás desmotivado donde antes no lo estabas?
  • ¿Has notado más irritabilidad o impaciencia con tus compañeros, superiores y clientes?
  • ¿Tienes una actitud más cínica o crítica en el trabajo?
  • ¿Te cuesta mantener la concentración?
  • ¿Notas una disminución en energía y productividad?
  • ¿Te sientes desilusionado con el trabajo y tus logros no te dan satisfacción?
  • ¿Tienes dolores de cabeza o molestias digestivas?
  • ¿Se han visto afectados tus hábitos de sueño?
  • ¿Recurres al alcohol, drogas o la comida para compensar o evadirte?

Si respondiste que si a algunas de las anteriores preguntas, es posible que sufras de Burnout.

No hay una única causa para desarrollar este síndrome, pero con una evaluación adecuada se les puede poner nombre y remedio.

¿Qué puedo hacer?

Existen factores de protección, basados en conducta, entre los cuales destacan ciertas rutinas saludables como mantener horarios estructurados, realizar ejercicio físico habitual, una dieta sana y equilibrada, agendar tiempo de desconexión del trabajo o potenciar las relaciones sociales.

A veces no es suficiente cambiar hábitos conductuales, y es necesario reestructurar un sistema de creencias que están favoreciendo la auto exigencia y autocrítica, hacia uno que mejore el bienestar y por tanto el desempeño en situaciones críticas.

En muchos casos explorar los valores personales y cambiar las referencias externas de éxito por unas internas basadas en los propios valores personales mejora la resiliencia personal.

Y aunque cada vez es menos común, tampoco se puede negar que hay culturas empresariales o situaciones conflictivas que se alargan en el tiempo, que ponen a prueba la resiliencia del empleado. No todo vale. En estos casos es conveniente replantearse nuestra situación laboral y contrastarla con nuestras prioridades.

Sea como sea, el acompañamiento especializado de un profesional de la psicología experimentado es especialmente útil en casos de desgaste laboral o burnout.

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